En
la cotidianidad los seres humanos están en su hábitat y realizan algo muy común
como lo es la comunicación; por tanto, es innato que entre ellos se
intercambien expresiones, palabras, costumbres y cultura que es trascendida por
miles de años atrás; sin embargo, aunque se pueda observar que las
interacciones que realiza el ser humano con otros en realidad y, en su mayoría
se puede analizar muy poca consciencia entre el hablante y el oyente.
De
lo anterior, se puede deducir a partir de lo que se observa en el diario vivir
de las personas, se puede inferir que entre ellos se comunican para la
comprensión de una realidad con base en la forma como se miran entre sí y se interactúan;
no obstante, puede que en su interior, los pensamientos y la mente esté en otro
lugar del mundo y así, es como en muchas ocasiones cuando el hombre realiza ese
intercambio con el otro no siempre se realice como debería de ser.
Por
consiguiente, la labor de escuchar cada palabra, de ver cada gesto y
comprender lo que el otro dice, es una complejidad que muy pocos logran hacer
porque siempre hay un querer ser escuchado y no escuchar, querer ser observado
y no observar o, querer ser comprendido y no comprender. Por tanto, la tarea
que se presenta a partir de estas reflexiones para dar a la función de pensar
solo en el aquí y el ahora, dejar a un lado los problemas o aquellas
situaciones que viven en la mente y no dan la tranquilidad para lograr una comunicación
asertiva.
Por
lo cual, el saber escuchar es un trabajo que solo cada ser es capaz de saber si
le es fácil o no, depende de la actitud, el querer y el respeto por el otro,
por lo que se evitaran un mal entendido como suele suceder, como factor problemático
de no saber escuchar al otro.




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